Una pulsera de jade para hombre montada sobre elástico, con cuentas redondas grandes de nefrita verde oscuro, casi botella. En el centro, un disco perforado de un verde mucho más claro, enmarcado por dos separadores dorados grabados y dos cuentas doradas lisas.
En cuatro líneas
- Cuentas redondas grandes de nefrita verde oscuro, montadas sobre elástico.
- Un disco perforado verde claro en el centro, y cuatro separadores dorados.
- Se toma por el contorno de la muñeca: entra estirando, sin cierre.
- Montada, por tanto impesable: no se publicará cifra alguna, y la ficha lo dice.
Dos verdes en la misma pulsera
Las cuentas son de un verde muy oscuro, casi botella, opaco, con algunas zonas más claras cuando la luz las roza. El disco central es de un verde pálido y translúcido, claramente más claro. No es un fallo de conjunto, es el partido tomado de la pieza: el contraste hace las veces de motivo, y es lo que hace que se note a tres metros.
En la nefrita, esos dos verdes vienen del mismo elemento, el hierro, en cantidades distintas. En la jadeíta vendrían del cromo. Los dos minerales no tienen parentesco alguno, siendo la jadeíta un piroxeno y la nefrita un anfíbol, y hizo falta un laboratorio para separarlos: Alexis Damour, en 1863. Lo que las distingue.
El elástico, y lo que hay que saber de él
Las cuentas van enhebradas en un hilo elástico, visible entre ellas. Entra estirando, no hay cierre ni nudo corredizo. Es el montaje más práctico y el menos duradero: un elástico envejece, se destensa, y acaba cediendo, por lo general sin avisar.
Dos gestos que alargan su vida: póngasela rodándola sobre la mano en lugar de tirar de ella como de un tirachinas, y quítesela antes del deporte y de la ducha, pues el agua caliente y el jabón cansan el elástico mucho más deprisa que la piedra. Cuando cede, se rehace por unos pocos euros. Hilo y cordón de una joya de jade.
El disco del centro, y los separadores dorados
El disco perforado es una forma china antigua, que se llama hebilla de la paz: un anillo plano con agujero central, sin arista viva ni punta, que es exactamente lo que le conviene a una piedra de dureza corriente.
Los dos separadores grabados llevan un motivo de greca, un friso en ángulos rectos que discurre sobre sí mismo. El metal es dorado, y me detengo ahí: mi proveedor no dice ni chapado en oro, ni vermeil, ni latón dorado, y esos tres no se distinguen en una fotografía. En una muñeca que suda, un latón dorado se patina en unos meses. El jade en masculino.
Lo que de verdad la estropea
El jade es tenaz: su estructura de fibras entrelazadas resiste a la propagación de una fisura, y la nefrita es la más tenaz de los dos minerales del jade. Su dureza, en cambio, sigue siendo corriente, de 6 a 6,5, y el cuarzo del polvo ambiente, que vale 7, deslustra unas cuentas mucho más seguramente que un golpe. La diferencia entre dureza y tenacidad.
Agua tibia, un jabón neutro, un paño suave, y una bolsita para ella sola. Nunca ultrasonidos, nunca vapor, nunca disolvente: al ser desconocido el estado de tratamiento, una eventual resina no lo soportaría, y el elástico tampoco. El cuidado en detalle.





